C.9 Para qué se construyeron las galerías
Si nos abstraemos y nos detenemos un momento a contemplar este edificio desde su exterior, resulta difícil decir qué uso concreto se le pretendía otorgar cuando fue ideado. Los casi mil metros de superficie útil distribuidos entre sus corredores y pabellones, apenas aportan datos sobre esos primeros años de existencia. Mientras que los nuevos accesos instalados al pie de los paseos del Marqués de Arriluce e Ibarra y de Ereaga, no hacen sino desvirtuar aquella dedicación inicial para la que fue concebido.
Sabemos, por la documentación localizada en archivos, que las galerías fueron proyectadas como una solución para proteger a los viandantes y al paso del tranvía de los desprendimientos que sufría el acantilado en este lugar, situado en la propiedad de Horacio Echevarrieta. Del mismo modo que los planos nos muestran su vinculación a la casa que este empresario había construido ocho años antes en la misma finca. Está claro entonces que su uso era privado -basta fijarse en que únicamente resultaba posible acceder a ellas desde el jardín superior- y residencial. Sin embargo, la independencia absoluta respecto a la casa familiar y su disposición en relación con el paisaje plantea numerosas incógnitas.
Si el proyecto presentado al Ayuntamiento de Getxo definía esta construcción como un muro-paramento, entonces, ¿cómo sabemos el uso que se les dio? Para responder esta pregunta hemos contado con la ayuda de los testimonios de la familia Echevarrieta y de los descendientes de los empleados que trabajaron en este lugar.
A través de ellos confirmamos que el salón era la pieza principal del conjunto, una sala de representación donde Horacio Echevarrieta recibía a sus visitas para emprender nuevos negocios. Este salón se encontraba presidido por la gran chimenea y amueblado con una mesa de billar y unos sofás corridos que lo convertían en el lugar perfecto para el descanso y la desconexión de los quehaceres más domésticos de la vivienda.
Sin embargo, otros testimonios afirman que también en él tenían lugar fiestas en las que sus antepasados tuvieron la suerte de participar. ¿Se organizaban esas veladas cuando su dueño vivía? O, ¿fueron posteriores? Fuera de una manera o de otra, ¿podéis imaginar el esplendor que debía presentar este espacio cuando se encontraba vestido con la gran lámpara central, los pulidos e impolutos mármoles y preciadas rocas decorando suelos y paredes, los impactantes ventanales enmarcando el indómito paisaje marino y la grandiosa chimenea como protagonista?
Y frente a esta estancia de descanso y reunión, las galerías se presentaban como una zona de paseo y esparcimiento desde donde disfrutar de las vistas y la brisa del mar. Estaban diseñadas como dos miradores, uno de 112 metros de longitud, orientado a la playa de Ereaga y otro de 93 metros abierto hacia el paseo del Marqués de Arriluce e Ibarra y el muelle de Las Arenas. Adaptadas a la forma del acantilado, con una decoración cuidada en sus paredes, suelos y techos, parecen estar pensadas para el deleite de los que paseaban por ellas y ahora para el nuestro.
Píldora documental «Vida doméstica»
Postal de la playa de Ereaga con el acantilado de Punta Begoña al fondo, s/f. Fuente: Biblioteca San Nicolás
Postal de la playa Ereaga desde la avenida Basagoiti, con la casa de Horacio Echevarrieta al fondo, s/f. Fuente: Biblioteca San Nicolás
Las Galerías Punta Begoña desde el contramuelle de Algorta, años 20 del siglo XX. Fuente: Archivo Municipal de Bilbao



